Javier Jiménez: “El mundo del trabajo tiene que volver a ocupar la centralidad en el debate político y económico”

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En este nuevo número de Tribuna digital, repasamos la actualidad sindical con el secretario general de FSC-CCOO, Javier Jiménez. Más que publicar una entrevista, hemos querido transmitir sus reflexiones sobre el proceso de elecciones, tanto sindicales como políticas, el mundo del trabajo y la gestión de la situación económica, o la propia organización interna de Comisiones Obreras.


África Sánchez Carnero, responsable de Prensa de FSC-CCOO
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En cuanto a la actividad reciente de la FSC-CCOO, Jiménez destaca que la participación de la Federación en el Consejo confederal extraordinario del 4 de marzo, en el que se expuso cuál es la visión de la organización, cómo tiene que ser y en qué cuestiones hay que seguir avanzando, es la clave de lo que han sido estos cuatro meses desde el último Consejo federal.

Javier Jiménez. Archivo FSC-CCOO
Javier Jiménez. Archivo FSC-CCOO

J.J.: El resto del tiempo lo hemos dedicado a la aplicación práctica de lo que aprobamos: primero el Código de conducta, lo que estamos haciendo a nivel interno. Pero después también el desarrollo de la estrategia de acción sindical, como intentar impulsar la negociación colectiva, la movilización en todos aquellos sitios donde los convenios están atascados, el seguimiento de los ámbitos donde, más allá del discurso oficial del Gobierno, siguen tomando decisiones que no están en las portadas de los medios de comunicación pero que tienen que ver con seguir avanzando en la privatización del ferrocarril público estatal, con la situación en la que se encuentran las y los mutualistas de la Función Pública, con las negociaciones del TTIP, sobre el que hemos elaborado un documento, etc.

AFILIACIÓN Y ELECCIONES SINDICALES
Una de las cuestiones que estaban en discusión era la capacidad de movilización que tiene el sindicato y la Federación en particular. Desde el punto de vista de la afiliación, hemos entrado en una fase en la que estamos muy próximos al equilibrio cero. Si bien es cierto que ahora mismo no estamos recuperando afiliación en comparación con el inicio de la crisis, lo que sí está sucediendo es que se ha consolidado la tendencia de 2014 de que solo hubiera una ligera pérdida en términos netos de personas afiliadas, y en este trimestre estamos muy próximos a cero. Es decir, esa tendencia, que ya el año pasado se rompía, al menos en el primer trimestre se ha consolidado.

En cuanto a los datos de las elecciones sindicales en el conjunto confederal, la diferencia sigue estable con respecto a la UGT, moviéndose entre las 6 y las 7.000 delegadas y delegados de diferencia a favor nuestro. Eso no quiere decir que no haya un cierto desgaste en los números del conjunto del sindicalismo confederal en el entorno de dos puntos o dos puntos y medio menos. Los datos que se desprenden son que una parte importante de la estrategia de intentar desgastarnos y de representarnos como instituciones adocenadas, institucionalizadas dentro de la crisis de la vieja política y de los que piensan que la Transición del 78 fue un fiasco, resulta que no les ha funcionado.

Las organizaciones que están creciendo son CSIF, que no crece espectacularmente pero tiene una ligera tendencia al alza, y USO, que se mantiene. Lo que sí ha habido en este proceso electoral es una verdadera explosión de candidaturas independientes, de candidaturas corporativas, que además no tienen nada que ver con la CGT que, por ejemplo, en grandes empresas nuestras está cayendo.

Los medios de comunicación ocultan los resultados de las elecciones sindicales

El fenómeno alimentado por todos aquellos que tenían interés en hacer un sindicato que iba a terminar con nosotros porque decían que somos inconsistentes, resulta que es un fiasco. Las fuentes más optimistas creen que Somos tienen como mucho 500 personas afiliadas.

Otras organizaciones sindicales como los CO.BAS o Solidaridad Obrera tienen la misma tendencia que CGT. No solo no crecen, sino que en algunos sitios retroceden, aunque sea ligeramente.

En resumen, la tendencia es sobre todo al crecimiento, aunque sea en décimas de la CSIF, y la explosión de sindicatos corporativos y candidaturas independientes. ¿Eso significa que hay una quiebra del modelo asentado en España tras la recuperación de las elecciones sindicales en las empresas? No, pero significa que no perdemos por nuestra supuesta izquierda, la CSIF crece pero no se convierte en el polo de referencia de este sindicato de corte independiente demócrata cristiano que hay en otros países de la UE y la USO tampoco está en condiciones de disputarse ese polo.

Actualmente en los medios de comunicación esta información se oculta. Hace cuatro años, aunque tampoco fueran tiempos muy boyantes en cuanto al prestigio general del sindicato, había noticias de elecciones importantes como las de la Seat, de Renfe, de Telefónica, de Michelín, de los astilleros, de los bancos y las cajas… Eran referencias en el debate político y económico. Ahora ha habido algo de ruido antes de que se hicieran, sobre todo de los que pretenden ejemplificar sobre lo nocivo que es lo que denominan bipartidismo sindical, pero como los resultados no son los que esperaba ni la derecha ni los que pensaban que iban a acabar con nosotros por una supuesta izquierda, pues lo ocultan, no existe.

Por otro lado están lanzando una campaña con la que pretenden convencer de que no representas a nadie, que los sindicatos han perdido la confianza de la gente. Incluso si quisieran retorcer los datos, tendrían cierta facilidad a la hora de explicar que, aunque seguimos acumulando cerca del 70% del total de la representación de donde se hacen elecciones sindicales, hay miles de delegadas y delegados menos, así que pueden manipular o explicar que han cerrado muchas empresas. No consideran que sea un factor relevante porque incluso, en mi opinión, aunque le quisieran dar ese enfoque, los datos demuestran que en el mundo del trabajo hay una representatividad que se gana con las elecciones en las que muchos de los que nos critican no se van a presentar en la vida, ni tienen obligación de hacer elecciones ni de someterse al escrutinio público de tener que explicar qué has hecho, qué vas a hacer y que la gente valore todo eso y decida si te vota o no.

ECONOMÍA DE CASINO FRENTE A ECONOMÍA REAL
Por otro lado, esto casa con algo que me parece que es bastante de fondo y que otra gente también comparte. En la crisis, en un momento determinado, se empieza hablando con criterios generales de la economía de casino. No hay inversión productiva, es especulación financiera, economía virtual. Y claro, eso termina desplazando a la economía real. ¿Dónde está la economía real? En la inversión, en los servicios de valor añadido, en la industria, en el papel que desempeñan los poderes públicos.

Se ha jugado con la economía del miedo para retraer la confianza de la gente en sí misma, en las organizaciones sindicales y en su capacidad reivindicativa

Luego, como todo eso también está amparado bajo un potente discurso ideológico, que yo creo que está al nivel de lo teológico con las teorías de “no hay más políticas económicas que éstas; no hay más alternativas que éstas; esta es la única manera en la que el conjunto del mundo desarrollado y no desarrollado puede crecer y alcanzar el cielo”, se deja de considerar el factor trabajo como un elemento esencial del desarrollo y de la estructuración de las sociedades democráticas.

Nosotros somos una organización que por mucho que algunos se empeñen en que estamos dedicados a otras tareas, estamos dedicados al mundo del trabajo, a la gente que trabaja. Y si eso desplaza junto con la visión dominante de  la economía, no solo se desplaza el debate económico general, sino que se aprovecha para pisar el acelerador después del primer susto de la crisis financiera estadounidense y mundial, con algo que también lleva mucho tiempo por ahí rondando y de lo que yo estoy firmemente convencido. Se termina de depurar, de pulir todo esto de la economía del miedo.

La teoría del enorme ejército de personas paradas que “si usted no quiere hacer esto en estas condiciones, no se preocupe que hay gente que está ahora literalmente muerta de hambre, en la exclusión social, en la pobreza, que lo va a hacer por usted”. Esto es la economía del miedo. Y yo creo que estas bazas también se han jugado y lo han hecho a favor de retraer la capacidad de la confianza de la gente en sí misma, en las fuerzas del trabajo, en las organizaciones sindicales y en su capacidad reivindicativa y de lucha en un momento determinado.

EL MUNDO DEL TRABAJO, FUERA DEL DEBATE POLÍTICO
En mi opinión, y desde un punto de vista más sociológico, ahora parece que empezamos a estar en otra fase. La crisis ha sido tan brutal en España, la destrucción de empleo tan intensa, la precarización del trabajo tan absoluta, hasta el extremo de que hoy tener un trabajo no te garantiza salir de la pobreza. Ahora no solo hay gente que por desgracia a los ritmos que está creciendo el empleo no va a encontrar trabajo. Toda la gente que haya perdido su empleo del entorno de unos 50 años, si lo encuentra, ya veremos dónde lo encuentra y durante cuánto tiempo.

El Gobierno dice que crece el empleo pero las horas de trabajo son las mismas. El trabajo, que no crece, se está repartiendo entre más gente como consecuencia de la devaluación salarial, de la ausencia de normas, de la contratación precaria… y además vinculado a algo que no está en el discurso ni de los nuevos actores en el debate político. Para estos, el mundo del trabajo no está entre sus grandes preocupaciones.

De los que estaban, el PP ya sabemos lo que piensa, de hecho lo está practicando. Del PSOE también sabemos lo que piensa, aunque es verdad que ahora hay nuevas propuestas, pero por ejemplo, la que hizo de reforma del Estatuto de los Trabajadores y de reversión de la reforma laboral, sigue manteniendo muchos de los elementos que defendían hasta que Zapatero abandonó el Gobierno y que nos supuso entrar en conflicto con ellos, no sólo como consecuencia de los días aciagos de mayo de 2010, sino también como consecuencia de la política laboral, de cómo consideran que tiene que ser el desarrollo económico y las normas laborales.

Y fuerzas políticas que pueden estar más identificadas con el mundo del trabajo están sumidas en una crisis que ya veremos si se sobreviven a sí mismas. Pero ni Ciudadanos ni Podemos hablan del mundo del trabajo y, si lo hacen, es en los mismos parámetros de la vieja política.

Las propuestas de Ciudadanos de contrato único, el secretario general de Ciudadanos diciendo que más vale que espabilemos, que nos modernicemos, que somos una rémora, que hacen falta otro tipo de sindicatos, o la gente de Podemos, que de esto no habla, como tampoco lo hace de la República, ni de tantas otras cosas por perseguir la centralidad. No hablan pero es que también ellos han roto con lo que para mí es esencial, que es que el mundo del trabajo ocupe un espacio de centralidad en la sociedad, en la economía y en la política. Porque cuando tú haces la segmentación en términos de ciudadanía, los de arriba, los de abajo, estas zonas neutras, este discurso formalmente estructural después no tiene ningún tipo de concreción. El silencio clamoroso sobre esto es que ellos consideran que, para salir de la crisis, para reconstruir una democracia de calidad, el mundo del trabajo no tiene que cobrar un papel relevante o más relevante del que tiene en la actualidad.

¿Es posible disputar en el ámbito de tu empresa el salario, la jornada, la flexibilidad, la necesidad de que tengas un proyecto industrial a medio plazo, la inversión productiva sólo en los tabiques de la empresa, aunque ésta no sea muy grande, o sea una administración pública? Eso no es posible si no intervienes, como es nuestro caso como sindicato sociopolítico, en el campo, no de hacer política, pero sí de las políticas generales que nosotros queremos disputar fuera. Porque si no disputamos también ese espacio en lo político, en lo económico, en el reparto de la riqueza, en el mantenimiento de los servicios públicos, en la dignidad de la calidad de vida de la gente, hay cosas que si no las cambias ahí porque tú las empujas o las negocias, es imposible cambiarlas.

¿Por qué solo nosotros hablamos de cambio de modelo productivo como un factor esencial para salir de la crisis y recuperar trabajo decente?

Esta parte es la que en el sindicato tenemos que reconstruir. No un nuevo discurso, sino ser conscientes de que la necesidad del sindicato general, del sindicato de clase además en un momento de disputa, de efervescencia política, económica y social, para nosotros es una de las claves que tenemos que jugar, que convencer a la gente y que incorporar a los discursos que hacemos cuando vamos a unas elecciones sindicales, a una reunión interna, cuando la gente nos pregunta.

CAMBIO DE MODELO PRODUCTIVO
¿Quién habla hoy de cambio de modelo productivo? Nadie. Algunos tímidamente, pero en serio, nadie. Primero porque durante la crisis lo primero es sobrevivir. Pero en la perspectiva de cómo salimos de la crisis, salvo nosotros como organización sindical no ha hablado nadie de cambio de modelo productivo. Porque incluso en la disputa sobre el empleo que se crea, si no somos nosotros los que decimos que aparte de que es precario, con retribuciones indecentes, sin garantías de que la gente pueda construir sus proyectos personales, es que se está construyendo en los mismos espacios que nos trajeron a la crisis: servicios de poco valor añadido, recuperación en la construcción, desregulación y por lo tanto externalización de otro tipo de actividades.

¿Pero por qué solo nosotros hablamos de cambio de modelo productivo como un factor esencial para salir de la crisis y por lo tanto para recuperar trabajo decente, salario decente, derechos de ciudadanía como calidad de vida democrática de las personas? Si el mundo del trabajo no está ocupando de nuevo un espacio en la centralidad del debate político, social y económico, ¿por qué se van a preocupar de lo importante que es el cambio de modelo productivo?

Por mucho que digan, es mentira que los sindicatos hayamos perdido tanta afiliación. CCOO es la principal organización social de este país

Por otra parte, es cierto que tenemos la necesidad de estar donde la gente que tiene problemas está. ¿Dónde está el sindicato de manera natural? Donde hay sectores o subsectores de empresas que tienen proyecto empresarial, sectores de valor añadido como la industria, las telecomunicaciones, el transporte, las administraciones. ¿Dónde estamos menos? En toda una parte que se fue consolidando a lo largo de los años como consecuencia de considerar que las empresas sólo tenían que atender su corazón del negocio, los elemento esenciales, y por lo tanto explota toda la cadena de subcontratación. Y ahí estamos, en una parte de lo que se desgaja se lleva también el sindicato con él. Y en otra, porque lo que se crea a partir de esa ruptura, ese concepto de empresa que está en todo y lo hace todo, como se lleva una parte del sindicato con él, permite reconstruir derechos laborales, condiciones de trabajo, convenios colectivos, aunque no sean los mismos que los de la empresa principal. Digamos que forman parte de una misma lógica de intentar construir un espacio de derechos en el trabajo.

¿Dónde no está presente el sindicato? Digamos que en esa segunda fase de descentralización productiva. Ya no estamos hablando de empresas que interactúan en una cadena de producción, sino que estamos hablando de esta explosión de democracia vacua, que debajo no tiene nada, este concepto de empresas huecas que han acuñado los estudiosos de la economía y de la política. Una empresa hueca, si tiene la habilidad de gestionar recursos que no le son propios, puede llegar a facturar más que muchas empresas con proyectos industriales o empresariales.

El mundo del trabajo nos obliga a que el sindicato sea el comité o la sección sindical de todos los que en su vida no la van a tener

Y no está tampoco en aquellos espacios donde la gente tiene una relación con el mundo del trabajo de subempleo, de entrar y de salir. Entre la falsa o el falso becario, entre el falso contrato por obra o servicio… ahí el sindicato no está en la medida en la que tiene que estar.

¿Eso cambia el modelo de sindicato? Yo creo que sí, lo tiene que hacer evolucionar. Antes de que hubiera esos cambios tan profundos, en el mundo del trabajo la disputa era entre los comités, las secciones sindicales, las y los delegados sindicales. Digamos que la estructura del sindicato era una estructura de orientación política, de gestión de recursos comunes. El mundo del trabajo, si tiene los perfiles que yo creo, nos obliga a que el sindicato sea el comité o la sección sindical de todos los que en su vida no la van a tener como consecuencia del cambio en la morfología del trabajo.

También se dice que la individualización de las condiciones de trabajo o la precariedad dificultan nuestra labor. Nosotros en la Federación tenemos sectores muy precarios y estamos presentes y somos muy representativos, como también en la hostelería o en el comercio o en los servicios a las empresas. Luego tenemos que dar más profundidad a esta reflexión.

Todo enlaza con lo mismo. Si no hay un cambio de modelo productivo, si el mundo del trabajo no ocupa un espacio en la centralidad del debate político y social, el trabajo que se va a configurar, salvo un núcleo muy reducido, va a ser de ese tipo. Y si no estamos ahí, no sólo lo estamos haciendo mal, sino que en 10, 15 o 20 años no estaremos en la mayor parte de lo que el trabajo significará si no se rompe esta tendencia.

EL PESO DE LAS COMISIONES OBRERAS
No se nos puede olvidar nunca que los recursos propios son las cuotas que paga la gente con mucho esfuerzo y más en una situación de crisis. Por mucho que digan, es mentira que los sindicatos hayamos perdido tanta afiliación. En una situación de crisis tan brutal, cuando se ha pasado de casi 21 millones de empleos a 17, con sectores desestructurados, tenemos 980.000 personas afiliadas. Somos la principal organización social de este país. Y como no vivimos de donaciones empresariales ni de la bicoca de las subvenciones públicas, porque está claro y meridiano que no es así, no se nos puede olvidar que el esfuerzo que hace la gente para pagar 9 o 12 euros, tiene que ser devuelto con que el sindicato funcione de manera eficaz, sea transparente, rindamos cuentas y cuando nos necesiten, sea útil.

Es necesario recordar que no hay un conflicto en el que CCOO no esté detrás

Tenemos una especial responsabilidad de saber lo que pesan las siglas de Comisiones Obreras en términos de proyecto sindical, de derechos del trabajo, de reivindicación democrática, de ganas de futuro, de construir una nueva sociedad y de ser consciente de que tienes un protagonismo, el que te toca, pero una parte importante de él, en que eso no se pierda. Por eso todos los casos de falta de ética, de corruptelas, de corrupción, incluso de prácticas que no son corruptas pero que para mí no entran en el espacio de poderlas expresar en ese debate de legal o ético, son inaceptables.

Por último, es necesario recordar que no hay un conflicto en el que CCOO no esté detrás. No sólo en el trabajo sino en la sociedad. La organización tiene que ser muy respetuosa con lo que fue, con lo que es y con lo que queremos que sea.

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